viernes, 16 de noviembre de 2007

Viajar con una mochila cuando no eres Labordeta












Viajar es apasionante, una actividad que ha alcanzado una alta democratización, que puede ser practicada indiscriminadamente por todo el mundo (y con esto no sólo quiero decir que pueda hacerlo la mayoría de la gente, sino también que puede hacerlo por cualquier parte del orbe que le plazca, ya no hay barreras) Esta apertura no deja de resultar curiosa cuando el mismo fenómeno de democratización no se ha reproducido en un ámbito que, tristemente y a pesar de la filosofía postulada por esumundo, va íntimamente ligado al hecho de airearte por el universo: el bolsillo. Allí las diferencias persisten y, sin embargo, nadie se priva del garbeo mundial. ¿Cómo se explica esta aparente contradicción? Quizás, el éxito de los albergues como alojamiento, junto a otros factores como el bajo coste del transporte aéreo, nos ayuden a entender la abstrusa paradoja.

Efectivamente, la ocupación de albergues por parte de turistas españoles, se ha incrementado en los últimos años de un modo bastante aceptable, paralelamente a esa apertura de horizontes a que me refería.
Para muestra, un botón o, en este caso, una estadística del INE, una base de datos factual en la que he hallado un informe sobre el número de pernoctaciones por parte de españoles en albergues del mundo, pudiendo basarme en dos campos: el año y el país. En 1986 el número de pernoctaciones en albergues era de, aproximadamente, 700.000. En el lapso de veinte años, este ha aumentado hasta los tres millones. Espectacular. Su acogida goza de una salud envidiable... en correlación a la enfermedad padecida por algunos convalecientes bolsillos que sufren de apreturas, ahogos, mareos y sudoraciones.

Europa es el continente preferido por los españoles para irse de albergues, ya que este viejo pedazo de tierra copa prácticamente la cuota de los tres millones. Parece que a los españolitos nos cuesta abandonar el suelo patrio, porque son España y sus albergues los que más turistas cobijan por las noches. A gran distancia le siguen Francia (la cercanía se impone) y Alemania. A la cola ya, aunque aún con un nivel de ocupación de cierta relevancia, se sitúan el siempre socorrido Reino Unido, nuestros vecinos mediterráneos italianos y nuestro compañero ibérico, Portugal. Los países escandinavos y sus lejanos rigores invernales parecen no ser un señuelo demasiado atractivo para los mochileros.

Las pernoctaciones en Asia, que se quedan en unas cinco mil, se concentran unánimamente en Japón. ¿Es que este continente no tendrá otra cosa?

El continente negro no es, decididamente, un destino turístico atractivo, al menos en lo que a albergues se refiere, ya que, en su totalidad, reúne unas apenas cuatro mil paupérrimas pernoctaciones.

Parece que América ya nos gusta más. Casi cincuenta mil turistas lo ponen de manifiesto, tanto en toda Hispanoamérica como en el país de las oportunidades. Canadá es el hermanito olvidado del continente americano.

En cuanto a Oceanía... la lejanía parece ser una medida disuasoria bastante poderosa.
Apenas tres mil pernoctaciones fueron realizadas en su suelo, y casi todas en Australia. El surf quizás haya ayudado...

Así que, ya sabéis, los próximos en dormir bajo los techos del planeta podéis ser vosotros y, en el camino, os toparéis con no pocos compatriotas y gentes de otras muchas nacionalidades que, sin ser Labordeta, estarán recorriendo el mundo con una mochila al hombro, haciéndolo suyo. Y si no, y también lo sabéis, siempre os quedará esumundo...

No hay comentarios: