viernes, 30 de noviembre de 2007

El palacio de Pena, que da de todo menos pena

Esta semana he decidido viajar al impresionante palacio portugués de Sintra: el palacio de Pena. Las dos enciclopedias que he consultado y que voy a comparar son, por supuesto Wikipedia, y la Enciclopedia Británica. Grosso modo, y ya a primera vista, compruebo que la información aportada por Wikipedia es más extensa que la aportada en la británica, que se limita a una somera semblanza en contraposición a Wikipedia, que no solo se limita a su Historia sino que hace particular hincapié en su arquitectura, algo no poco relevante en el palacio objeto de nuestro interés.
1. La información encontrada, difiere básicamente en el criterio de la extensión, de los aspectos destacados, como ya he mencionado y, por supuesto, por el idioma. Mucho inglés en la enciclopedia británica y castellano en Wikipedia. Por todo ello, por la facilidad del idioma y el mayor interés y abundancia de la información proporcionada, me decanto por Wikipedia.

2. El artículo encontrado no necesita revisión. Si detectara algún error podría editar el artículo e introducir los cambios que considerara pertinentes, pero siempre sabiendo que mi dirección de IP queda registrada para que me atenga al rigor y al buen hacer enciclopédico.

3. Sí, me dice cómo y dónde poder introducir mis correcciones

4. Los dos contenidos que me parecen más útiles de esta enciclopedia son "editar", ya que la posibilidad de contribuir a los artículos es importantísima y, de hecho, constituye la peculiaridad y la razón de ser de Wikipedia, lo que la convierte en una enciclopedia abierta, "de todos", lo que permite de democratización de la ardua tarea de configurar una enciclopedia y lo que, además, le aporta su descomunal volumen y lo completa y rica en puntos de vista que es y la "discusión", ya que sirve para profundizar en lo que acabo de señalar, dando cabida a la discrepancia y a una mayor apertura que termina por desterrar el carácter cerrado e inapelable del saber, lo que lo convierte en un foro, en un lugar común donde todos podemos intervenir.
Y, ahora ya sí, paso a hablaros del maravilloso palacio de Pena.


El palacio de Pena está enclavado en la localidad portuguesa, cercana a Lisboa, de Sintra. Data del año 1836 y se asienta en una escarpada colina, a cuya cima inexpugnable, los destartalados y abarrotados autobuses prácticamente tienen que escalar, por lo empinado y escabroso del terreno. Pero el incómodo viajecito merece la pena y es que, en la cumbre, hallamos un frondoso parque, donde verdes y exuberantes árboles forman con sus copas un tupido tapiz sobrecogedor.
El palacio es una maravilla de la arquitectura, una amalgama de estilos dispares (neogótico, neomanuelino, neorrenacentista, neoislámico) que, sin embargo, o quizás precisamente por esa diversidad opulenta y complacida con la mezcla, alcanza una sorprendente y chocante armonía, convirtiendo al palacio en una construcción inconfundible, con un marcado carácter y personalidad propia. Es una estructura laberíntica, con torreones en llamativos colores como el rojo o el amarillo, con formas cilíndricas o cuadradas, corredores, galerías, balcones que penden en el vacío y que los turistas pueden recorrer en una aventura realmente apasionante, escaleras, terrazas que rodean la fachada... inspeccionarlo puede llevarnos tranquilamente una mañana completa en la que no decaerá el entretenimiento o el asombro ni un solo instante.

Todo ese alarde es una muestra del espíritu de romántico empedernido propio de Fernando II, quien lo mandó construir, hombre de su época y de los valores que la caracterizaron. En nuestro paseo por él podremos hallar ingentes detalles y, aun con mil ojos y atención desmesurada, serán innumerables los que nos pasarán desapercibidos. Estancias revestidas con azulejos mudéjares, arcos de herradura cuajados con una ornamentación de rosas, panorámicas espectaculares... pero, lo que seguro que no deja de llamar la atención de cualquiera que tenga un par de ojos en la cara, es el Tritón que preside una de las puertas principales. Es una escultura impresionante del ser marino en piedra que nos contempla adustamente y con un ceño fruncido que da miedo. Con su cuerpo, parece soportar todo el peso de la mole palaciega. De ser así, no nos extraña que tenga esa cara de malas pulgas porque verdaderamente, mientras nosotros miramos extasiados y tranquilos, el soportar esa carga a lo Atlante tiene que hacerle polvo la espalda... y todo para que la hercúlea obra no se derrumbe y nosotros podamos contemplarla... qué majo es. La figura está enmarcada por un prolijo y preciosista arrecife de coral y de parras entrelazadas. En fin, el conjunto es una auténtica muestra de virtuosismo escultórico.


Y, como la representativa escultura, todo en el palacio está entrelazado, entretejido... pero no solo es un variado compendio arquitectónico, no solo una privilegiada marasma artística donde se concentran tal multitud de estilos que harían las delicias de cualquier entendido en la materia... no, también supone la unión de la creación humana con la más idílica naturaleza (el parque de estilo alemán) y, sobre todo, de la piedra, el estuco o el azulejo con la inaprensible materia de la que están hechos la fantasía y los sueños. La fantasía del hombre que concibió tan portentosa obra y los sueños de los que, cuando lo contemplan, saben que pueden hacerse realidad.
Los tienen delante...
Solo hay una cosa poco afortunada en el Palacio de Pena. El nombre.



Aquí os dejo el enlace para que accedáis a una galería fotográfica del palacio. Detenerse exhaustivamente en él merece la pena, así que ya sabéis... deleitaros.


http://commons.wikimedia.org/wiki/Pal%C3%A1cio_Nacional_da_Pena

1 comentario:

Anónimo dijo...

Creo que es un palacio que merece ser visitado. De hecho, solamente lo conozco por fotos, pero apetece ir a Portugal solamente por verlo.